Lo que aprendí sobre las arvejas: una enseñanza de mi abuela y de la huerta
Desde chica me gusta ver crecer las plantas. Las arvejas o guisantes siempre me parecieron especiales. Son simples, pero llenas de vida, y cuando uno las cosecha con sus propias manos, siente que está trayendo salud desde la tierra. Mi abuela decía que las arvejas eran comida buena, de la que limpia el cuerpo y da fuerza. Ella no hablaba de nutrientes, pero sabía perfectamente lo que hacía bien. Con el tiempo entendí que tenía razón: las arvejas ayudan al intestino gracias a su fibra natural, que mantiene la digestión en orden y el cuerpo liviano. También son buenas para la sangre porque aportan hierro vegetal, ese que da energía y ayuda a fortalecer cuando uno se siente cansado. Y además, son suaves y equilibradas: ayudan a cuidar el corazón y el colesterol por su fibra y sus compuestos naturales. No hacen milagros, pero acompañan la salud de una forma sencilla, como todo lo que viene de la tierra. Mi abuela siempre decía que el verde era el color de la vida. Cuando se abrí...