Todo vuelve: Hay que sembrar cosas bonitas en la tierra y en la vida
🌱 Todo vuelve
A veces, cuando estoy en la huerta, me quedo mirando las semillas en mis manos antes de ponerlas en la tierra.
Son tan pequeñas, tan frágiles… y sin embargo guardan adentro una fuerza increíble.
Una promesa de vida.
Las cubro con la tierra, y pienso en algo que siempre me repito: todo vuelve.
La tierra tiene esa manera sabia de enseñarnos sin decir nada.
Nos devuelve exactamente lo que le damos.
Si la cuidamos, si la regamos con paciencia, si la tratamos con respeto, nos regala brotes nuevos, frutos dulces, flores que parecen sonreír con el sol.
Pero si la descuidamos, si la agotamos, si no la escuchamos, también nos lo muestra.
Nos enseña que no hay atajos, que nada crece sin amor.
Y creo que con la vida pasa lo mismo.
Cada gesto, cada palabra, cada intención que sale de nosotros es una semilla.
Algunas florecen rápido, otras tardan mucho, pero tarde o temprano, todas vuelven.
Lo bueno y lo malo.
La alegría que dimos, la ayuda que ofrecimos sin esperar nada… eso vuelve.
Y también vuelve lo que hicimos desde el enojo, desde la indiferencia o el egoísmo.
Por eso es tan importante sembrar cosas bonitas.
Porque la vida es como un gran campo, y cada día que vivimos estamos plantando algo.
A veces son semillas de amor, de gratitud, de paciencia.
Y otras, sin darnos cuenta, plantamos quejas, enojos o juicios.
Pero todo eso crece igual, todo vuelve.
Y cuando vuelve, nos enseña.
Me gusta pensar que cuando sembramos con el corazón limpio, el tiempo y la vida se encargan de multiplicarlo.
Que cada palabra amable, cada gesto sincero, cada acto hecho con buena intención, encuentra su camino de regreso, aunque tarde.
A veces vuelve en forma de una sonrisa inesperada, de un abrazo, de una tarde tranquila, o simplemente de esa paz que uno siente cuando sabe que hizo lo correcto.
Esta imagen de unas manos mostrando semillas sobre la tierra me hace pensar en eso: en la fuerza de lo simple.
En como algo tan pequeño puede transformar tanto.
Y también en la responsabilidad que tenemos cada uno de elegir bien qué sembrar.
Sembrar cosas bonitas no es solo cuidar una planta.
Es cuidar nuestras palabras, nuestros pensamientos, nuestras acciones.
Es mirar la vida con gratitud, incluso cuando no todo sale como queremos.
Porque la tierra —y la vida— siempre están observando.
Y tarde o temprano, lo que damos vuelve, multiplicado.
🌾Así que cada vez que mis manos tocan la tierra, me gusta pensar que no solo estoy plantando semillas…
Estoy plantando momentos, intenciones, pedacitos de mí.
Y deseo que cuando todo eso vuelva, lo haga en forma de calma, de amor y de vida simple y sana....

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